Líneas de lápiz

pasajes, emociones, imágenes.

La conciencia.

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La «conciencia» es un negrero que el hombre se ha colocado dentro de sí mismo y que lo obliga a obrar de acuerdo con los deseos y fines que él cree suyos propios, mientras que en realidad no son otra cosa que las exigencias sociales externas que se han hecho internas. Manda sobre él con crueldad y rigor, prohibiéndole el placer y la felicidad, y haciendo de toda su vida la expiación de algún pecado misterioso.

El miedo a la libertad, de Erich Fromm (1941)

Imagen: “Autorretrato”, por Francisco de Goya (1815)

Cita seleccionada por Carlos Castaño Camacho

La satisfacción.

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Sentía una gran paz, sólo amenazada irreflexivamente por ese último rescoldo de desencanto que le producía siempre el hecho de conseguir lo que deseaba.

Toda la noche oyeron pasar pájaros, de José Manuel Caballero Bonald (1981)

Imagen: “Nieve en el Central Park de Nueva York”, por Joaquín Sorolla (1911)

El duelo.

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Yo a mamá la echo de menos muchas veces, pero nunca cuando vengo al cementerio, por eso no lloré. Estaba, al contrario, muy alegre con el sol a la espalda y unos pájaros que cantaban en los cipreses.

Entre visillos, de Carmen Martín Gaite (1957)

Imagen: “Dahlis cactus rouges”, por Gustave Caillebotte (c. 1892-1893)

El interior.

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Nos miramos por dentro y vimos allí confusos sueños, formas de amor, ansias de riqueza y miedo a la muerte.

Viaje a pie, de Fernando González (1929)

Imagen: “A Man seated reading at a Table in a Lofty Room”, por un seguidor de Rembrandt (c. 1628)

La guerra.

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Son muy pocos, y muy distintos, los combatientes que corren por sí mismos a la muerte. Me parece que ya no existen; sólo en la historia. «Seguro que hoy un putas de ésos me va a matar», me dijo un día un muchacho. Se había detenido a mi puerta, y me pidió agua. Partían a enfrentar una avanzada. El miedo lo retorcía, estaba verde de pánico: con toda razón, porque era joven. Me voy a morir, dijo, y lo mataron, yo vi su cara rígida cuando lo trajeron, y no sólo a él: había otros tantos.

Los ejércitos, de Evelio Rosero (2007)

Imagen: “Snow Storm: Steam-Boat off a Harbour’s Mouth”, por Joseph Mallord William Turner (1842)

La frontera.

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—No, no, yo quiero aprender a vivir con México, no quiero salvarlo —alcanzó a decir y abandonó al grupo de periodistas, abandonó el cadáver del viejo, corrió de regreso a la frontera, al río, al sol cansado de ese día que se iba poniendo a lo largo del occidente fronterizo, corrió como si quisiera decirles algo a los que dejó atrás, como si pudiera hacerles entender que estas palabras no significaban nada, salvar a México para el progreso y la democracia, que lo importante era vivir con México a pesar del progreso y la democracia, y que cada uno llevaba adentro su México y sus Estados Unidos, su frontera oscura y sangrante que sólo nos atrevemos a cruzar de noche: eso dijo el gringo viejo.

Gringo viejo, de Carlos Fuentes (1985)

Imagen: “La ofrenda”, por Saturnino Herrán (1913)

La aspiración.

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¿Quién estableció el equilibrio entre la realidad y el alma incolmable? ¿Para qué nos dieron alas en el vacío? ¡Nuestra madrastra fue la pobreza, nuestro tirano, la aspiración! Por mirar la altura tropezábamos en la tierra; por atender al vientre misérrimo fracasamos en el espíritu. La medianía nos brindó su angustia. ¡Sólo fuimos los héroes de la mediocre!

La vorágine, de José Eustasio Rivera (1924)

Imagen: “La Violencia”, por Alejandro Obregón (1945)