La libertad y el mal.

by Miguel Ángel Castaño

Y en el rayo ancho del alto sol, que atravesaban sin cesar, dibujándolo como un cristal turbio, nubaradas de lentos humos azules, los pobres gallos ingleses, dos monstruosas y agrias flores carmines, se despedazaban, cogiéndose los ojos, clavándose, en saltos iguales, los odios de los hombres, rajándose del todo con los espolones con limón… o con veneno. No hacían ruido alguno, ni veían, ni estaban allí siquiera…

Pero y yo, ¿por qué estaba allí y tan mal? No sé… De vez en cuando, miraba con infinita nostalgia, por una lona rota que, trémula en el aire, me parecía la vela de un bote de la Ribera, un naranjo sano que en el sol puro de fuera aromaba el aire con su carga blanca de azahar… ¡Qué bien -perfumaba mi alma- ser naranjo en flor, ser viento puro, ser sol alto!

…Y, sin embargo, no me iba…

“Los gallos” en Platero y yo, de Juan Ramón Jiménez (1914)

Imagen: “Auvers, vue panoramique”, por Paul Cézanne (1873/1875)

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