La propiedad.

by Miguel Ángel Castaño

Estas angustias del tío Barret por satisfacer su deuda sin poder conseguirlo despertaban en él cierto instinto de rebelión, hacían surgir en su rudo pensamiento vagas y confusas ideas de justicia. ¿Por qué no eran suyos los campos? Todos sus abuelos habían dejado la vida entre aquellos terrones; estaban regados con el sudor de la familia; si no fuera por ellos, por los Barret, estarían las tierras tan despobladas como la orilla del mar… y ahora venía a apretarle la argolla, a hacerle morir con sus recordatorios, aquel viejo sin entrañas que era el amo, aunque no sabía coger un azadón ni en su vida había doblado el espinazo… ¡Cristo! ¡Y cómo arreglan las cosas los hombres!…

Pero estas rebeliones eran momentáneas; volvía a él la sumisión resignada del labriego, el respeto tradicional y supersticioso para la propiedad: había que trabajar y ser honrado.

La barraca, de Vicente Blasco Ibáñez (1898)

Imagen: “Casa de huerta, Valencia (estudio)”, por Joaquín Sorolla (1908)

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